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En el primer artículo de esta serie nos preguntábamos cuánto puede costar seguir utilizando el palet equivocado. La comparación era plástico frente a madera y la conclusión no dejaba un ganador claro. Dependía del circuito.
Ahora vamos a complicarlo un poco más.
¿Qué ocurre cuando comparamos palets de cartón o acero?
A primera vista parece una comparación extraña. Uno transmite ligereza y casi invita a preguntarse cuánto aguantará. El otro parece capaz de sobrevivir al almacén, al camión y probablemente a varias generaciones del responsable de logística.
Precisamente por eso merece la pena compararlos.
Porque representan dos maneras casi opuestas de entender un soporte de carga. El acero tiene sentido cuando necesitas resistencia, estabilidad y muchas rotaciones. El cartón empieza a resultar interesante cuando quieres aligerar el envío, evitar retornos, simplificar determinadas exportaciones o utilizar un soporte diseñado específicamente para un flujo concreto.
La pregunta, por tanto, podríamos comenzar al igual que lo hicimos en el anterior artículo. Cuestionándonos cuánto sentido tiene uno u otro dentro de tu operativa.
Palets de cartón o acero: primero decide cuánto necesitas que duren
Un palet de acero puede justificar su coste cuando participa en un circuito cerrado.
Pensemos en una fábrica que mueve componentes entre producción, almacén y proveedor. El soporte sale, vuelve, se identifica, se controla y repite el recorrido una y otra vez. En ese escenario, tener un elemento resistente y reutilizable durante muchas rotaciones puede ser perfectamente lógico.
Ahora cambiemos la película.
Una empresa prepara una expedición internacional y el destinatario no va a devolver los soportes. En ese caso, una de las mayores ventajas del acero (su durabilidad) empieza a perder valor.
Es un poco como enviar la mercancía en una maleta especialmente buena y decirle al cliente que se la quede.
Aquí los palets de cartón o acero responden a dos economías distintas. El acero necesita rotación y recuperación para amortizar buena parte de su lógica económica. El cartón puede diseñarse precisamente para operativas en las que recuperar el soporte no compensa.
Y eso cambia la comparación desde el principio.
El peso del palet también viaja, aunque nadie lo haya comprado
En logística estamos acostumbrados a controlar el peso del producto. Mucho menos a preguntarnos cuánto pesa todo lo que viaja con él.
Palet, embalaje, cantoneras, separadores, protecciones…
Nada de eso aparece en el catálogo que compra el cliente, pero todo ocupa espacio y parte de ello añade peso.
La diferencia adquiere especial importancia cuando el coste del transporte está condicionado por esa variable. En carga aérea, por ejemplo, IATA explica que la tarificación puede tomar como referencia el peso real o el peso volumétrico, aplicándose el que resulte superior.
Por eso reducir el peso del soporte puede tener un efecto económico real en determinadas expediciones.
No significa que sustituir acero por cartón vaya a abaratar automáticamente cualquier transporte. En una carga terrestre limitada por volumen antes que por peso, por ejemplo, la diferencia puede tener poca trascendencia.
Pero en envíos aéreos, determinadas exportaciones o flujos donde cada kilogramo cuenta, el soporte deja de ser un detalle.
Pasa a formar parte del coste del transporte.
Y es ahí donde un palet de cartón ligero puede empezar a justificar que hagamos números antes de descartar la idea por parecer menos robusta.
Resistencia máxima frente a resistencia necesaria
El acero aguanta mucho. En determinados entornos, eso pesa de verdad en la decisión.
Piezas de automoción, utillajes, maquinaria pesada, cargas con formas difíciles o circuitos donde el palet recibe golpes una y otra vez son buenos ejemplos. Ahí tiene sentido trabajar con un soporte preparado para bastante castigo.
Ahora bien, en muchos almacenes esa resistencia extra acaba pagándose sin llegar a utilizarse.
Un palet tiene que soportar con seguridad la carga y las condiciones para las que se ha diseñado. Poco más. Y con los palets de cartón este punto merece mirarse con cierto cuidado, porque hablar de una cifra única de kilos dice bastante poco.
Dos palets de cartón pueden comportarse de forma muy distinta aunque, a simple vista, parezcan similares. Cambia el diseño, cambia la estructura interna, cambian los materiales y cambia mucho cómo se reparte la mercancía encima. Tampoco responde igual un palet parado en el suelo que otro circulando con una carretilla o apoyado durante horas en una estantería.
La humedad complica un poco más la comparación. Los materiales basados en fibra pueden perder prestaciones mecánicas cuando cambian las condiciones ambientales, así que ese dato tampoco debería quedarse fuera del análisis.
Si estás comparando palets de cartón y de acero, pedir al proveedor una cifra de carga máxima se queda corto.
Interesa saber cómo salió esa cifra. Qué ensayo se hizo, con qué distribución de carga y qué ocurre cuando el palet se mueve. Si va a pasar tiempo almacenado, hace falta conocer también la carga estática admisible. Y si entra en rack, ese escenario debería aparecer expresamente en la documentación técnica.
“1.000 kg” ocupa muy poco en una ficha comercial.
En un almacén, sin saber cómo se ha llegado a ese número, sirve bastante menos.
Exportación: aquí el cartón tiene una ventaja que sí podemos medir
En la primera parte de esta serie hablamos bastante de la NIMF 15 porque condiciona el uso internacional de embalajes fabricados con madera en bruto.
Con el cartón esa conversación cambia.
La Convención Internacional de Protección Fitosanitaria señala expresamente que la NIMF 15 excluye los embalajes fabricados íntegramente con materiales procesados como contrachapado, tablero de fibras o cartón, debido al bajo riesgo fitosanitario asociado a estos materiales.
El acero tampoco está sujeto a esta norma.
Por tanto, frente a la madera, ambos eliminan esa capa concreta de control fitosanitario.
La diferencia vuelve a estar en el circuito.
Si vas a enviar mercancía a otro mercado y recuperar un palet metálico requiere organizar una logística inversa específica, almacenar soportes vacíos, identificarlos y transportarlos de vuelta, debes incorporar todo eso a la comparación.
El acero funciona muy bien cuando sabes dónde está
Esto nos lleva a uno de los costes menos vistosos de un soporte reutilizable: perderlo.
Cuando los palets de cartón o acero salen de un circuito controlado, el valor del activo empieza a importar.
Con acero necesitas preguntarte cuántos soportes vuelven, en cuánto tiempo, dónde quedan inmovilizados y cuánto cuesta gestionar su retorno.
No estamos hablando únicamente del transporte.
También puede haber inventario de embalajes, clasificación, inspección, reparación, limpieza, almacenamiento y gestión administrativa.
En una red industrial estable puede merecer la pena sobradamente.
En una cadena fragmentada entre muchos clientes, países o distribuidores, quizá no.
Y esta es una idea importante: la reutilización necesita logística para existir.
No basta con fabricar algo capaz de utilizarse cien veces. Hay que conseguir que vuelva.
¿Y dentro del almacén? Aquí no conviene improvisar
La elección tampoco puede hacerse mirando solamente el transporte.
Un palet entra en contacto con carretillas, transpaletas, transportadores, estanterías, muelles y sistemas de preparación. Su comportamiento afecta a todo el proceso.
En un entorno así, cambiar el soporte de carga no es simplemente cambiar de proveedor.
Hay que comprobar dimensiones, estabilidad, entradas de horquilla, deformación, distribución de cargas y compatibilidad con los equipos.
Un palet de acero puede aportar gran estabilidad y resistencia en determinados procesos industriales, pero también introduce más masa en cada manipulación.
Uno de cartón reduce peso y puede diseñarse para una carga determinada, pero necesita un control más cuidadoso de las condiciones de uso y almacenamiento.
Antes de sustituir un soporte por otro conviene probar la unidad de carga completa.
¿Sostenibilidad? Fabricar algo reciclable no resuelve toda la ecuación
Aquí volvemos a un terreno lleno de respuestas demasiado rápidas.
Cartón significa reciclable. Acero significa reutilizable y reciclable.
Perfecto.
Pero todavía no sabemos cuál encaja mejor.
La sostenibilidad de un sistema de embalaje depende también de fabricación, peso transportado, número real de utilizaciones, transporte de retorno, pérdidas, reparaciones y tratamiento al final de vida.
La literatura científica sobre análisis de ciclo de vida de palets advierte precisamente de la importancia de definir bien la unidad funcional y las condiciones de utilización antes de comparar materiales.
Y la regulación europea empuja en esa misma dirección.
El Reglamento (UE) 2025/40 sobre envases y residuos de envases, cuya aplicación general comienza en las fechas que este artículo será publicado (agosto de 2026), refuerza el enfoque europeo sobre prevención de residuos, reciclabilidad y reutilización e incluye los palets dentro del ámbito de los embalajes de transporte.
Por eso plantear palets de cartón o acero únicamente como “reciclable frente a reutilizable” se queda corto.
Quizá habría que preguntarse qué ocurre realmente con ese palet después de entregar la mercancía.
Si el acero completa muchas rotaciones en un circuito controlado, la reutilización es real.
Claro que si no va a volver, hemos pagado por una característica que apenas hemos utilizado.
Si el cartón se integra en un flujo de recogida y reciclaje adecuado, puede tener sentido en circuitos donde el retorno no es viable.
Y si termina mezclado en un flujo que no permite recuperarlo, la teoría circular vuelve a separarse de la práctica.
Entonces, ¿cuándo elegir palets de cartón o acero?
No hace falta convertirlo en una batalla de materiales.
El acero tiene más sentido cuando trabajas con cargas exigentes, necesitas una elevada resistencia mecánica y dispones de un circuito cerrado donde puedes controlar el soporte y hacerlo retornar repetidamente.
El cartón merece estudiarse cuando la carga y las condiciones de manipulación lo permiten, el peso del envío tiene importancia, no existe un retorno económicamente razonable o buscas evitar determinados condicionantes asociados a otros materiales en exportación.
Y antes de decidir deberías responder, como mínimo, a estas preguntas:
- ¿Cuál es la carga estática, dinámica y, si corresponde, en rack?
- ¿Qué humedad y condiciones ambientales encontrará?
- ¿Cuántos viajes realizará realmente?
- ¿Quién se responsabiliza de recuperar el soporte?
- ¿Cuánto cuesta traerlo de vuelta?
- ¿Qué porcentaje de soportes se pierde?
- ¿Es compatible con carretillas, estanterías y automatizaciones?
- ¿Cómo se gestionará cuando termine su vida útil?
Solo entonces tiene sentido mirar el precio.
Porque un palet de acero utilizado cientos de veces puede resultar barato aunque comprarlo no lo sea.
Y un palet de cartón puede ser muy eficiente aunque dure mucho menos, precisamente porque nunca necesitábamos que durase más.
En logística hay soluciones sobredimensionadas que parecen magníficas hasta que alguien suma todo lo que cuesta mantenerlas. Por eso, siempre tienes la opción de externalizarla.
Preguntas frecuentes acerca de los palet de acero o cartón
Depende del circuito logístico. El acero suele encajar mejor en operativas cerradas, con cargas exigentes y muchas reutilizaciones. El cartón puede resultar más eficiente cuando importa reducir peso, no existe retorno del soporte o se trabaja con expediciones internacionales de un solo recorrido.
Sí, pero no existe una capacidad de carga universal. Depende del diseño, la distribución de la mercancía, la carga dinámica y estática, el uso en estantería y las condiciones ambientales. Antes de utilizarlos conviene validar el soporte con la unidad de carga real y no quedarse solo con una cifra genérica de catálogo.
No. La NIMF 15 se aplica a embalajes de madera en bruto utilizados en comercio internacional. Los palets fabricados con cartón no están sujetos a ese tratamiento fitosanitario, lo que puede simplificar determinadas operativas de exportación.

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