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Un pequeño cambio en el embalaje puede alterar bastante la paletización. Si una caja pasa de 25 a 29 centímetros de altura, puede dejar de admitir cinco capas y quedarse en cuatro.

Con una configuración de ocho cajas por capa, el cambio es importante. A 25 centímetros de altura caben 40 cajas por palé. Con 29 centímetros, solo 32.

Para un stock de 1.000 cajas, la diferencia es pasar de 25 a 32 palés, con el último parcial.

Son siete palés más para almacenar la misma cantidad de producto. El cambio está en cuatro centímetros.

Siete palés más. Un 28 % de incremento.

Ese ejemplo explica bastante bien para qué sirve el cubicaje logístico. Habla del espacio que consume una mercancía cuando deja de ser una medida en una ficha técnica y se convierte en cajas, palés, huecos y camiones.

La fórmula básica es conocida:

Volumen = largo × ancho × alto

Una caja de 0,40 × 0,30 × 0,25 m ocupa 0,03 m³.

Ese volumen sirve como referencia, pero no basta para saber cuánto espacio acabará ocupando en un palé o dentro de un vehículo. En la operación entran las dimensiones de la caja, la orientación, la altura disponible y los límites de apilado.

Dos referencias con un volumen parecido pueden comportarse de forma muy distinta. Una puede girarse para aprovechar mejor la base del palé y otra tener una posición fija. Un embalaje que sobresale unos centímetros puede dejar huecos difíciles de aprovechar. Y si una mercancía solo admite tres capas, la altura libre que queda encima no siempre puede utilizarse con otra referencia.

Por eso, calcular metros cúbicos es solo una parte del cubicaje. El dato útil aparece cuando esas medidas se llevan a una configuración real de almacenaje o transporte.

El cubicaje logístico empieza en la caja que realmente llega

Para calcular bien el cubicaje logístico hay que medir la unidad que realmente se mueve.

Si una referencia se recibe en cajas de 12 unidades, interesa conocer las dimensiones de esa caja. Con el cartón, las protecciones, los separadores, cantoneras y sobresalientes incluidos.

Medir únicamente el producto deja fuera precisamente aquello que después ocupa espacio.

A partir de ahí hay que comprobar cuántas cajas caben por capa, qué orientaciones son posibles y cuántas alturas admite la mercancía.

Tomemos una caja de 40 × 30 cm de base.

Sobre un europalé de 1.200 × 800 mm, si puede rotarse horizontalmente, una orientación permite colocar ocho cajas por capa: cuatro sobre el lado de 1.200 mm y dos sobre el de 800 mm.

Pero ahí todavía no hemos terminado.

Queda por comprobar la altura, el peso, la estabilidad de la carga y si realmente podemos colocar una caja encima de otra. El volumen matemático es solo el comienzo del cálculo.

El embalaje ocupa bastante más de lo que parece

Una caja algo más grande puede parecer un cambio menor, pero en paletización esos centímetros se acumulan. Pueden hacer que entren menos unidades por capa, que se pierda una altura completa o que el palé deje de aprovechar bien la base.

También aparecen problemas cuando el embalaje sobresale o cuando una referencia no admite apilado. En esos casos queda espacio libre que, en la práctica, no siempre puede utilizarse con otra mercancía.

Ese efecto se repite palé tras palé. Por eso una diferencia pequeña en las dimensiones puede terminar ocupando más posiciones de almacén o reduciendo la capacidad disponible en transporte.

El Instituto Mexicano del Transporte analizó precisamente el efecto del cubicaje y del diseño de envases y embalajes sobre el aprovechamiento del transporte y su coste logístico. Sus pruebas compararon distintas formas de acomodar mercancía y también modificaciones en las dimensiones del producto embalado.

No compramos transporte ni almacenaje únicamente en kilos. También compramos espacio.

El almacén no funciona como una división de metros cúbicos

Dividir el volumen disponible entre el volumen de cada caja puede servir como una primera aproximación, pero la capacidad real suele ser menor.

Las dimensiones de la mercancía, su orientación, la estabilidad del conjunto, el reparto de pesos y los límites de apilado condicionan cómo puede aprovecharse ese espacio. Puede quedar volumen libre y, aun así, no existir una forma segura o práctica de ocuparlo con más producto.

Eso explica por qué dos cargas con un volumen teórico parecido pueden necesitar configuraciones muy distintas en un palé, una estantería o un vehículo.

Los problemas de carga se estudian precisamente teniendo en cuenta este tipo de restricciones prácticas, no únicamente el volumen disponible.

Esto se ve muy bien en referencias que dejan espacios entre sí, en alturas desaprovechadas o en mercancías que necesitan una ubicación completa, aunque físicamente no la llenen.

Por eso conviene distinguir también peso utilizado y volumen utilizado.

Un vehículo puede alcanzar antes su límite de peso y conservar espacio libre. Otro puede llenarse con mercancía muy ligera mucho antes de acercarse a su capacidad máxima de carga.

Son problemas distintos.

Cuando el cubicaje logístico empieza a aparecer en la factura

En almacenaje, todo depende de cómo esté planteada la operación y de cómo se facture.

Si el coste está relacionado con los palés almacenados, nuestro ejemplo inicial es bastante ilustrativo: almacenar 1.000 cajas puede requerir 25 palés o 32 según cómo esté configurada la unidad de carga.

Pero tampoco se trata de meter cajas hasta que no quede aire.

Puede haber límites de peso, referencias que necesitan acceso directo, posiciones específicas de picking o mercancías que no deben mezclarse. A veces ganar unas unidades por palé complica tanto la manipulación que el supuesto ahorro deja de serlo.

El cubicaje logístico sirve precisamente para encontrar ese equilibrio.

También ayuda cuando toca comparar propuestas de distintos operadores.

Decir “tenemos 1.000 cajas” aporta muy poca información. Dimensiones, peso, unidades por caja, cajas por palé, altura paletizada, saber cuánto se pueden apilar y su rotación permiten dimensionar una operación con bastante más sentido.

En transporte, mover aire también cuesta dinero

El mismo problema continúa cuando la mercancía sale del almacén.

Un vehículo puede quedarse sin volumen disponible antes de alcanzar su capacidad de carga. En ese caso, reducir unos centímetros por caja puede significar aumentar las unidades transportadas sin cambiar de vehículo.

En algunos servicios de transporte se utiliza el peso volumétrico para calcular el peso facturable. El operador compara el peso real del envío con el espacio que ocupa y aplica el criterio previsto para ese servicio.

Las fórmulas y los factores cambian según el operador y el tipo de transporte. DHL Global Forwarding, por ejemplo, indica que el peso facturable puede corresponder al mayor entre el peso bruto y el peso volumétrico.

Esto afecta especialmente a mercancías ligeras y voluminosas, porque pueden consumir mucha capacidad de carga, aunque su peso real sea bajo.

El buen cubicaje empieza por datos fiables

El cubicaje sirve de poco si las medidas de las referencias están desactualizadas o no reflejan cómo llega realmente la mercancía al almacén.

Conviene tener asociadas a cada referencia las dimensiones de la unidad logística, el peso, las unidades por caja, las cajas por palé, la altura final y las restricciones de apilado. Y revisar esos datos cuando cambia el embalaje o la forma de preparar la mercancía.

Unos centímetros de más en una caja pueden alterar la paletización. Lo mismo ocurre si el sistema mantiene una altura antigua o marca como apilable una referencia que en la práctica no lo es.

Cuando esos datos no están bien mantenidos, las previsiones de ocupación empiezan a desviarse y el almacén termina necesitando más posiciones de las previstas.

¿Sabes cuánto espacio ocupa realmente cada referencia de tu stock?


Revisar dimensiones, paletización y restricciones de apilado puede descubrir ineficiencias que no aparecen en una simple cifra de metros cúbicos. En Dársena21 analizamos cada operativa teniendo en cuenta cómo se recibe, almacena, prepara y mueve realmente la mercancía. ¿Hablamos?

Preguntas frecuentes sobre cubicaje logístico

¿Qué es el cubicaje logístico?

El cubicaje logístico es el cálculo del espacio que ocupa realmente una mercancía en almacenaje o transporte. No se limita a multiplicar largo × ancho × alto: también tiene en cuenta embalaje, orientación, apilado, unidades por palé y restricciones de manipulación.

¿Cómo influye el cubicaje en el coste de almacenaje?

Un pequeño cambio en las dimensiones del embalaje puede reducir las unidades por palé y obligar a utilizar más posiciones para guardar el mismo stock. Si una referencia pasa de 40 a 32 cajas por palé, por ejemplo, 1.000 cajas pueden necesitar siete palés más.

¿Por qué una mercancía ligera puede resultar cara de transportar?

Porque el transporte no siempre está limitado por el peso. Una mercancía voluminosa puede ocupar toda la capacidad disponible antes de alcanzar el peso máximo del vehículo. Además, en algunos servicios se utiliza el peso volumétrico para calcular el importe facturable.