Si gestionas operaciones logísticas, probablemente convives con pérdidas que ya has dejado de cuestionar. Y si no lo cuestionas tienes un problema.

Porque las mermas más peligrosas rara vez aparecen como una gran incidencia aislada. Normalmente se esconden dentro de la rutina diaria del almacén. Ya sabes de lo que hablo, pequeños deterioros, manipulaciones innecesarias, recorridos mal diseñados o errores que se repiten tantas veces que terminan pareciendo normales.

No deberíamos normalizar estas situaciones, Por el contrario, deberíamos estudiarlas en profundidad. No dejes que se conviertan en “parte de la operativa”. Ahí es donde se empieza a perder margen sin darse cuenta.

En retail y alimentación esto ocurre constantemente. No por una única gran incidencia, sino por pequeñas pérdidas repetidas que terminan afectando al estado del producto mucho antes de llegar al cliente.

Un embalaje deteriorado, una mala manipulación o un exceso de movimientos dentro del almacén pueden parecer incidencias menores. El problema aparece cuando dejan de ser excepcionales y empiezan a formar parte de la rutina diaria.

Mermas en almacén

No hablamos únicamente de productos desaparecidos o de errores de inventario. Hablamos de mercancía que, por el hecho que sea, deja de ser vendible mucho antes de llegar al cliente.

Muchas compañías terminan asumiendo estas pérdidas como una consecuencia inevitable de la operativa diaria. Como si formar parte del trabajo normal del almacén fuese motivo suficiente para no analizar de dónde vienen realmente.

Qué son realmente

Cuando se habla de mermas, mucha gente piensa automáticamente en diferencias de stock o en descuadres administrativos. Sin embargo, la realidad operativa suele ser bastante más amplia.

Una merma es cualquier pérdida física o funcional que sufre un producto antes de su venta o distribución final.

En retail y alimentación esto ocurre constantemente. Productos golpeados durante la manipulación, mercancía afectada por cambios de temperatura, embalajes dañados, referencias mal etiquetadas o errores en la preparación de pedidos que terminan afectando al valor comercial del producto.

Pero la merma no siempre implica que el producto desaparezca. Muchas veces simplemente deja de poder venderse en condiciones normales afectando al margen de beneficios.

Las mermas físicas, deterioros que se acumulan poco a poco

En alimentación y gran consumo, las mermas físicas suelen ser las más visibles, aunque también son de las más infravaloradas.

Sobre todo porque el deterioro rara vez se produce de golpe. Lo habitual es que aparezca de forma acumulativa.

Un palé mal apilado. Una manipulación innecesaria. Una zona con temperatura inestable. Un recorrido demasiado largo dentro del almacén etc.

Por separado parecen incidencias menores. Y puede que lo sean, pero se acumulan.

En productos alimentarios, además, cualquier desviación tiene un impacto mucho más sensible. El embalaje pierde resistencia, el producto se deteriora antes de tiempo y aparecen problemas de conservación o incluso rechazos comerciales.

Y muchas veces el daño no se detecta en el momento en que ocurre. La incidencia aparece más tarde, cuando el producto ya no puede comercializarse o cuando llega una devolución.

El coste oculto de mover mal la mercancía

No todas las mermas tienen que ver con roturas visibles.

En muchos almacenes, el problema está simplemente en cómo se mueve la mercancía dentro de la instalación.

Cada movimiento adicional introduce riesgo. Más manipulación implica más posibilidades de golpe, más errores de preparación y más fricción operativa.

Cuando el flujo interno no está bien diseñado, las pérdidas pueden aparecer.

Esto ocurre especialmente en operaciones con alta rotación y presión constante de tiempos, como sucede en retail y alimentación.

Zonas saturadas, recorridos improvisados, mercancía que cambia varias veces de ubicación o acumulaciones temporales que terminan generando deterioros difíciles de rastrear después.

La consecuencia rara vez es una incidencia grave visible desde el primer momento. Lo habitual es que aparezcan pequeños deterioros repetidos que terminan afectando a la calidad del producto, aumentando devoluciones o reduciendo su capacidad de venta.

El factor humano y los problemas de diseño operativo

Muchas mermas aparecen porque el sistema operativo está mal planteado.

Etiquetas poco claras, referencias demasiado similares, instrucciones ambiguas, procesos confusos o una formación insuficiente durante campañas de alta demanda terminan generando errores perfectamente previsibles.

Y en operaciones con picos estacionales el problema se intensifica. Rebajas, campañas promocionales o Navidad obligan a acelerar procesos y trabajar con más presión, justo en el momento en que disminuye la capacidad de control.

Lo interesante es que muchas empresas siguen tratando estas incidencias como fallos puntuales de las personas, cuando en realidad suelen ser síntomas bastante claros de problemas estructurales dentro de la operativa.

Por qué las mermas siguen infraestimándose

Uno de los principales problemas de las mermas es cultural.

Muchas organizaciones las consideran simplemente parte del negocio y las terminan repartiendo entre incidencias, devoluciones, ajustes de stock o pérdidas operativas generales.

El resultado es que se mide cuánto se pierde, pero no siempre se entiende bien por qué se pierde.

Porque reducir mermas no depende únicamente de controlar cifras. También influye el modo de identificar patrones operativos concretos.

Por ejemplo, en qué zonas generan más incidencias, en qué momentos aparecen más deterioros, qué procesos obligan a manipular más veces la mercancía o qué recorridos están generando fricción constante.

Sin ese análisis, cualquier mejora acaba siendo parcial.

El impacto real en retail y alimentación

En sectores con márgenes ajustados, una merma aparentemente pequeña puede tener un impacto mucho mayor de lo que parece.

Especialmente en alimentación.

Porque el producto perdido no solo supone una pérdida económica directa. También implica gestión de residuos, más tiempo operativo, costes logísticos adicionales y problemas de disponibilidad.

Además, el desperdicio alimentario se ha convertido en un problema estratégico para muchas compañías. Ya no afecta únicamente a la eficiencia interna. También influye en sostenibilidad, percepción de marca y presión sobre precios y promociones.

En retail ocurre algo parecido. Cuando las pérdidas operativas se vuelven constantes, aumenta la tensión sobre la reposición, disminuye la disponibilidad real de producto y la operativa empieza a perder eficiencia de forma progresiva.

Y casi nunca ocurre de forma brusca. Las pérdidas se acumulan lentamente hasta terminar afectando a la rentabilidad global.

Cómo empezar a reducir mermas en almacén

Reducir mermas no empieza necesariamente con grandes proyectos tecnológicos.

Empieza entendiendo cómo funciona realmente la operativa diaria.

Las empresas que consiguen disminuir pérdidas suelen compartir algo en común: analizan el flujo físico de la mercancía, no solo los resultados finales en los informes.

Eso implica observar recorridos innecesarios, detectar zonas de riesgo, revisar puntos de manipulación y entender qué ocurre realmente en el almacén durante los momentos de más presión operativa.

Esto no va de grandes errores aislados, sino en decenas de pequeñas ineficiencias que se repiten constantemente hasta convertirse en pérdidas estructurales.

Y ahí también cambia la forma de interpretar la merma.

La merma no debería analizarse únicamente cuando el producto ya no puede venderse. Lo importante es entender en qué punto de la operativa empieza a deteriorarse y qué procesos están acelerando esa pérdida de valor.

Las mermas son evitables

Un operador logístico especializado puede marcar diferencias reales en la manipulación diaria de mercancía.

Menos movimientos innecesarios, mejores recorridos internos, zonas de almacenaje adaptadas al producto o procesos más estandarizados pueden reducir considerablemente el deterioro acumulado durante la operativa.

Ahí es donde un operador logístico especializado puede marcar diferencias reales.

En Dársena21 trabajamos precisamente sobre ese punto.

Analizamos cómo circula físicamente la mercancía dentro de nuestro almacén para reducir daños, manipulaciones innecesarias y pérdidas de valor que muchas veces pasan desapercibidas hasta que afectan directamente al producto.